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Álbum de fotos del «Un, dos, tres...»

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Narciso Ibáñez Serrador

 

 

Narciso Ibáñez Serrador, Chicho,
el
Rey Midas de la televisión

 

Aunque Chicho era el director y realizador del «Un, dos, tres...», no podía ocultar su vena teatral y le gustaba comenzar sus programas con una intervención cómica. Por ejemplo, en 1992 y 1993 aparecía sentado en su sillón, puro en mano y bufanda charlando con don Mariano, un perro al que ponía voz Jordi Estadella, presentador del concurso en aquella época.

 

Y míticas eran los comienzos y finales de cada etapa, para los que siempre tenía preparada una sorpresa. Si la quinta etapa terminaba en 1986 con una escena en la que Chicho guardaba en un cajón todos los elementos del «Un, dos, tres...», en 1987 desempolvaba ese mismo cajón para dar vida de nuevo al concurso.

 

Espectacular fue el final de la última etapa (El Gran Boom se titulaba), en el que dinamitó el plató del programa... quizás para evitar la tentación de volver a ponerse al frente del concurso más añorado, recordado, querido y premiado de la televisión española.

 

 


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«Un, dos, tres...» - 1985

 

 

LA TANDA DE PREGUNTAS

 

En la primera fase del programa, la tanda de preguntas, tres parejas de concursantes debían contestar el mayor número de respuestas posibles a las preguntas que el presentador les planteaba. Cada respuesta acertada se multiplicaba por una cantidad de dinero, que era la que los concursantes se llevarían a casa.

 

Así, la pareja que más dinero conseguía se alzaba con la banda de campeones, que le daba el derecho a participar la semana siguiente de nuevo en el programa. Las otras dos parejas pasaban a la fase siguiente.

 

 


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«Un, dos, tres...» - 1983

 

 

LA ELIMINATORIA

 

La eliminatoria, como su propio nombre indica, servía para eliminar a una de las parejas. La eliminatoria era muy divertida porque se sometía a los concursantes a unas pruebas físicas delirantes. Muy repetida fue aquella en la que había que bajar por un tobogán con una bandeja con vasos llenos de líquido.

 

La pareja que ganara pasaba a la siguiente fase y los que perdían, el «Un, dos, tres...» les permitía que se llevaran un pellizco de dinero con El juego de las latas de Cepsa o con el juego Con Ocaso... por si Ocaso.

 

 


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«Un, dos, tres...» - 1985

 

 

LA SUBASTA

 

Y finalmente, la subasta, que mezclaba el concurso con el espectáculo. La pareja que había ganado la eliminatoria era la que participaba en esta tercera y última fase del programa.

 

Tras cada número musical o cómico, los artistas dejaban un objeto que escondía una tarjetita que el presentador leía. Una vez que había en la mesa tres objetos, los concursantes se veían en la tesitura de rechazar uno, perdiendo el regalo que escondiera la tarjetita respectiva. Así hasta que se llegaba a los tres últimos objetos. Entonces, los concursantes decidían con cuál quedarse y el presentador leía la tarjetita y el premio que les correspondía: un apartamento en Torrevieja, el coche, el azulejo sorpresa de Porcelanosa... o "nuestra querida Ruperta".

 

En la imagen vemos que los concursantes acaban de perder El Chollo, que en las etapas quinta y sexta (1984-1986) era el mejor premio, porque permitía a los concursantes elegir el regalo que quisieran de todos los que habían salido en el programa.

 

 

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